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Tuesday, December 05, 2006

> Dokumentala: "LIBRANOS DEL MAL" > LA PERTUBADORA CONFESION DEL PADRE O'GRADY

  • La perturbadora confesión del padre O'Grady
  • El documental estadounidense 'Líbranos del mal' recoge el primer testimonio de un sacerdote católico condenado por pederastia
  • El País, 2006-12-05 # Javier del Pino, Washington

El cura Oliver O'Grady era tan cortés en sus modales y tan tierno con los niños que los feligreses de su parroquia se disputaban su afecto. Le invitaban a cenar y a dormir en sus casas, convencidos de que tener un sacerdote en casa era una bendición divina. Por la noche, cuando todos dormían, O'Grady entraba en las habitaciones de los niños. Violó y sodomizó a cientos de ellos, niños y niñas, incluido un bebé de nueve meses. Su espiral de pederastia y los esfuerzos de la Iglesia católica de Estados Unidos por protegerle a él y a otros como él están recogidos con testimonios turbadores en Líbranos del mal, un documental que aspira a llevarse el Oscar dentro de tres meses.

Deliver us from evil (Líbranos del mal) es la primera película dirigida por Amy Berg, una productora de televisión que ha escogido un género documental nada parecido al de Michael Moore. Ella se sitúa detrás de la cámara y permite que la narración sea compuesta a través de los testimonios y las historias que relatan los entrevistados. El efecto es devastador por una razón fundamental: el documental contiene el primer relato ante las cámaras de un sacerdote pederasta dispuesto a contar lo que hizo, cómo lo hizo y por qué lo hizo.

Paradójicamente, la película compone una imagen de Oliver O'Grady situada más en la categoría de enfermo que de delincuente, pero deja a la jerarquía de la Iglesia católica en Estados Unidos en una posición tenebrosa, metida en una sórdida maquinaria de autoprotección diseñada para ocultar los casos de abusos y entorpecer la acción de la justicia.

La película contiene otro documento inédito: la grabación de las declaraciones judiciales no sólo de O'Grady, sino también de sus superiores eclesiásticos. La comparecencia de Roger Mahony, que como obispo de Stockton (California) trasladaba a O'Grady de parroquia cada vez que surgían denuncias de abusos a niños, demuestra una capacidad sorprendente para ocultar u olvidar los pecados propios. Que Mahony fuera después ascendido a arzobispo y más tarde a lo que es hoy, cardenal de Los Ángeles, permite que alguien en el documental se atreva a acusar a la Iglesia católica de comportarse "como la Mafia", tal y como dice el ex Gobernador de Oklahoma Frank Keating, que investigó sin éxito la indiferencia de la jerarquía eclesiástica ante las acusaciones de pederastia.

O'Grady acabó destituido como sacerdote, encarcelado por delitos de violación y deportado a su Irlanda natal cuando cumplió la mitad de los 14 años a los que fue condenado. Ahora recibe una pensión gracias al fondo que le contrataron sus superiores en la Iglesia; el documental sugiere que esta pensión es el agradecimiento por no haber declarado contra Mahony y haberle permitido así llegar a cardenal. En la película, O'Grady habla del "apoyo" que le brindó siempre Mahony y la satisfacción de éste al creer "que habían arreglado discretamente otro problema".

En Líbranos del mal, O'Grady pasea por las calles de Dublín y se para a mirar a niños que juegan en parques y patios de colegios. Parece extrañamente ajeno a la repugnancia que generan los delitos que cometió y habla de sus actividades como depredador sexual como si fueran una simple afición. "Yo sólo quería abrazar a los niños porque los quería", dice mirando a la cámara. Habla después de cómo "abrazar" y "mostrar afecto" se convirtió en "tocar". Durante 20 años, desde 1973 hasta su ingreso en prisión en 1993, O'Grady abusó sexualmente de cientos de niños y niñas. En ese periodo, el sacerdote fue trasladado de parroquia en varias ocasiones; a quienes alertaron sobre su comportamiento se les garantizó que el padre O'Grady no tendría contacto con niños en su siguiente destino.

Algunos de esos niños, ahora con 30 o 40 años cumplidos, intercalan su recuerdo en el relato del sacerdote. Cuentan sus esfuerzos por olvidar y su miedo a hablar. El aspecto entrañable del ex sacerdote refuerza intensamente el contraste entre el tono de su testimonio y el de sus víctimas, que usan un lenguaje crudo para describir penetraciones anales y vaginales y evitar así que la expresión "abusos sexuales" quede en perífrasis.

Uno de los testimonios más impactantes es, sin embargo, no el de una víctima, sino el de su padre, que se maldice por haber abierto la puerta de su casa a un delincuente. Llora ante la cámara "por haberle entregado a mi hija Ann en bandeja"; O'Grady abusó de la niña desde los 5 a los 12 años. Su padre dice haber renunciado a su fe religiosa y haber ganado un sentimiento de culpa con el que vivirá el resto de su vida.

Estadísticas recientes elevan a 100.000 el número de víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes católicos sólo en Estados Unidos. La directora, Amy Berg, cierra la película con otro dato probado: 8 de cada 10 personas que han sufrido esos abusos nunca lo reconocerán ni lo denunciarán.

La semana pasada, Mahony cerró un acuerdo extrajudicial con 45 víctimas de abusos a las que su diócesis, la más grande y acaudalada del país, pagará en total 60 millones de dólares. Cientos de demandas similares siguen su curso. La directora del documental se esfuerza en demostrar que la maquinación para ocultar y hacer callar estas denuncias no se reduce a la confabulación de algunos párrocos rurales, sino que asciende a lo más alto del escalafón católico: fue el cardenal Ratzinger, antes de convertirse en Papa, el que modificó la doctrina canónica para entorpecer cualquier investigación sobre sacerdotes acusados de abusos. Y fue el cardenal Ratzinger, después de convertirse en Papa, el que pidió al presidente de Estados Unidos inmunidad legal frente a una demanda en Tejas que le acusa de conspirar para ocultar delitos de abusos a menores. Es significativo que formulase esa petición de inmunidad ante el Departamento de Estado porque como jefe de Estado su inmunidad es automática; claramente, los abogados del Papa querían estar seguros.

Líbranos del mal no es la primera película reciente sobre escándalos sexuales en la Iglesia católica (Twist of faith tuvo un éxito relativo hace dos años), pero sí es la más reveladora por su narrativa periodística. Estrenado en el último festival de cine de Toronto, la distribuidora ha comenzado a proyectar el documental en varias de las mayores ciudades del país, lo que permite optar a los premios de la Academia de Cine.

Sunday, July 09, 2006

> Dokumentala: "SIDA, CAMBIANDO EL PASO" > LOS MEDICOS DE BASURTO SE SINCERAN SOBRE EL SIDA

  • Reportaje: Los médicos se sinceran sobre el sida
  • Un documental recoge la historia del VIH en el hospital de Basurto contada por los sanitarios
  • El País, 2006-07-09 # Estela M. Suero, Bilbao
El miedo y la marginación que durante años sufrieron los enfermos de sida fueron padecidos también, en menor grado, por el personal sanitario que les atendió. En el documental Cambiando el paso, la trabajadora social del Hospital de Basurto Fabiola Moreno ha recogido con una cámara no profesional las impresiones de 25 profesionales -médicos, enfermeras y auxiliares- de la Unidad de Enfermedades Infecciosas de este centro médico bilbaíno. Durante una hora de película, estos hombres y mujeres repasan sus vivencias con la enfermedad: desde la incertidumbre del primer caso detectado en este hospital, en diciembre de 1985, hasta la angustia de su época más mortífera; desde la aparición de los primeros tratamientos, hasta los nuevos retos para combatir una enfermedad ya crónica.

La idea de recoger las impresiones de los profesionales en una película en formato DVD surgió ante la celebración, a finales del pasado año, de unas jornadas contra el sida en Bilbao con motivo del 25 aniversario de la detección del en el mundo.

Moreno, que trabaja en Basurto desde hace más de dos décadas y es licenciada hace un lustro en periodismo, pensó que su mejor aportación al ciclo sería reflejar el "sufrimiento y dolor" que durante muchos años la enfermedad causó también al grupo de profesionales que asistió a las personas que desarrollaron el sida. Con la idea de ofrecer la vertiente más humana de la labor del equipo, cogió por primera vez una cámara de vídeo y, a lo largo de tres meses, grabó 10 horas de conversación con sus propios compañeros. "No fueron entrevistas, sino diálogos en los que los propios testimonios construyen la historia", explica. El periodista de Madrid Pablo Zorrilla editó las imágenes, que intercaló con algunas tomas suyas de lugares de Bilbao y con la música de piano del compositor francés Erik Satie. Tres agrupaciones vascas contra el sida -Comisión Antisida de Bizkaia, Itxarobide y T-4- editarán ahora mil copias de este trabajo, que deberá ser aún retocado para eliminar el ruido de fondo propio de una grabación hecha con manos inexpertas.

El año en que el sida causó más víctimas en el Hospital de Basurto fue 1994, cuando hubo 148 muertos. Un paciente se iba de media cada dos días, en medio de la desesperanza. Y el temor al contagio no estaba solo en la calle. En el vídeo, Juan Miguel Santamaría, jefe del servicio de enfermedades infecciosas de Basurto, recuerda que en los años 1989 y 1990 la doctora Zuriñe Zubero y él almorzaban "solos" en el comedor del hospital, víctimas del miedo que generaba el virus entre parte del personal de otras unidades. Santamaría mantiene que el aislamiento duró seis u ocho meses, durante la época de mayor alarma social y desconocimiento. "No nos arrinconaron, ni mucho menos. Pero algunos compañeros sí rehuían el contacto y evitaron compartir las comidas con nosotros durante un tiempo relativamente corto de seis u ocho meses", puntualiza este médico tras la realización de la película.

Gracias a la confianza de años de trabajo compartido, la entrevistadora logró que sus interlocutores se expresaran con naturalidad. Santamaría evoca el momento en el que detectó el primer caso de sida en el hospital y, por accidente, se pinchó al practicar una punción lumbar a la enferma. "Es una vía de transmisión muy poco probable, pero el riesgo de contagio existe. Hace 22 ó 23 años estábamos menos informados y existían menos protocolos para evitar este tipo de circunstancias o saber qué hacer si se daban", dice sobre el incidente que cita en el DVD.

Los profesionales rememoran en la grabación otras muchas situaciones que marcaron la historia del virus en Basurto. La entrega con la que las madres velaban las camas de sus hijos en situación terminal, el punto rojo que marcaba en todos los hospitales el expediente de los enfermos de sida o la falta de una preparación profesional para tratar la muerte conforman, entre otras muchas situaciones, los capítulos de este pasado.

Moreno mantiene que, una vez que los nuevos medicamentos han mejorado la esperanza de vida de los pacientes, las necesidades son ahora otras. Aunque no lo menciona en su trabajo, lamenta que las instituciones no den la respuesta oportuna a los enfermos más marginales y con un mayor grado de deterioro físico. "Algunos están encamados o son dependientes, pero sus necesidades no son sanitarias y precisan un entorno adecuado donde estar atendidos", señala. Tampoco Juan Miguel Santamaría cree que deba bajarse la guardia en la lucha contra esta enfermedad y advierte de la importancia de prevenir nuevos contagios.

"El sida ha cambiado pero no ha acabado. Ya no existe el miedo irracional a la enfermedad y el rechazo hacia los enfermos no es ya el mismo que en los primeros años. Seguiremos trabajando muchos años más, aunque en otro contexto", advierte. Para este médico, las nuevas campañas contra el VIH deberían tener en cuenta el importante porcentaje de población inmigrante que tiene el virus.